Hay recuerdos que el tiempo no logra borrar. A sus 99 años, Don Ismael Morales volvió a encontrarse con una parte imborrable de su infancia: el histórico Cañonero Paraguay.


Visitamos su domicilio, en el barrio San Francisco de Cambyretã, donde nos recibió con una emoción difícil de ocultar y nos relató cómo vivió este inolvidable reencuentro durante el fin de semana, cuando la emblemática embarcación llegó a la costanera de Encarnación.

Su familia preparó todo en secreto. Solo le dijeron que saldrían de paseo. Pero cuando llegaron a la costanera y a lo lejos divisó la silueta del Cañonero, Don Ismael supo inmediatamente de qué se trataba.

“Mi familia planeó todo en secreto, solo me dijeron ese sábado para ir de paseo. Me llevaron a la costanera y, a lo lejos, ya pude reconocer el Cañonero. Todos mis buenos recuerdos volvieron como nunca”, relató con la voz cargada de emoción.

Lo que para cientos de visitantes fue la oportunidad de conocer una histórica embarcación, para Don Ismael significó volver por unos minutos a su niñez.

Tenía apenas 13 años cuando conoció por primera vez al Cañonero Paraguay, en Asunción, en 1940. Aquella vez pudo subir a bordo y recorrer sus instalaciones. Ochenta y seis años después, la historia volvió a repetirse.

“Tuve el privilegio de volver a recorrer cada sector. Es una verdadera reliquia”, expresó.

Pero detrás de aquella embarcación también existen recuerdos de una época que marcó profundamente al Paraguay. Don Ismael recordó que el Cañonero transportó a los defensores de la Guerra del Chaco y destacó el valor histórico que representa para las nuevas generaciones.

“Esta imagen la guardo en el corazón, porque esta nave transportó a los defensores del Chaco. Sin esto, el Paraguay no estaría donde está”, manifestó.

También recordó que, años después de aquel primer encuentro, volvió a observar la embarcación navegando por el río Paraguay, cuando su padre trabajaba en un obraje en el Chaco.

“Este buque hacía viajes hacia Concepción o el norte del país. Ahí aprovechaba para verlo cuando navegaba las aguas del río Paraguay. Eso era mucho en aquella época para nosotros. Estoy muy emocionado de volver a verlo”, recordó.

La llegada del Cañonero Paraguay a Itapúa movilizó a cientos de personas que tuvieron la oportunidad de recorrer sus dependencias y conocer de cerca una pieza fundamental de la historia naval paraguaya.

Sin embargo, entre todos los visitantes hubo uno para quien aquella visita significó mucho más: un hombre de 99 años que volvió a mirar a los ojos de un recuerdo que llevaba 86 años guardado en su corazón.

Hoy, Don Ismael no solo celebra haber vuelto a subir al Cañonero. También deja un mensaje para las nuevas generaciones.

“Que los jóvenes puedan conocer la historia del Paraguay y lo que estamos conservando hasta ahora. Esta reliquia del país debe ser valorada”, expresó.

Porque algunas historias no necesitan libros para ser contadas. A veces, basta con mirar los ojos de quienes las vivieron.