Las primeras casas serían afectadas esta semana a consecuencia del desborde. Problema. Hay nuevas construcciones en cotas inferiores, aumentando las familias expuestas.
- 07/10/2026
- Por Edicion Prensa
El río Paraná todavía no llegó a las casas, pero en el barrio San Rafael, de Ciudad del Este, la historia ya es conocida. Cada vez que la cota comienza a subir, los pobladores de la zona baja vuelven a mirar el cauce con preocupación y las instituciones activan sus protocolos para enfrentar una escena que se repite con el paso de los años.
Esta vez, el fenómeno tiene además un componente particular: el aumento del nivel del Paraná, que genera un efecto de remanso sobre el arroyo Acaraymí, haciendo que el agua avance hacia el cauce y comience a desbordarse en algunos sectores.
Según explicó el ingeniero Giovanni Gómez, gerente de la División de Estudios Hidrológicos de la Superintendencia de Operación de la Dirección Técnica de Itaipú, el agua ya está tocando la parte posterior de algunas viviendas construidas muy cerca del arroyo.
El relevamiento realizado por los equipos de campo de Itaipú también encontró un problema que complica el escenario: en los últimos tiempos fueron levantadas nuevas construcciones en cotas inferiores a las registradas anteriormente, aumentando la cantidad de familias expuestas a las crecidas. Algunas de esas viviendas están prácticamente al borde del arroyo y comenzaron a sentir el avance del agua.
Escenario. Las proyecciones hidrológicas anticipan que la situación puede empeorar durante los próximos días. De acuerdo con las simulaciones, el nivel podría aumentar entre 2,5 y 3 metros respecto de la situación actual, mientras que la cota podría alcanzar entre 110,5 y 111 metros. Con ese escenario, Itaipú estima que entre 12 y 15 viviendas podrían resultar afectadas y que las primeras familias podrían necesitar ser evacuadas entre el jueves y el viernes.
La explicación del aumento del caudal se encuentra también aguas arriba. Las lluvias registradas durante las últimas semanas en la cuenca que alimenta el embalse de Itaipú fueron incrementando el volumen de agua recibido. Una vez que el embalse alcanzó su capacidad, el excedente comenzó a ser descargado por el vertedero, contribuyendo al aumento de los niveles aguas abajo.
Ante la posibilidad de que el agua avance sobre las viviendas, la Asesoría de Responsabilidad Social de Itaipú ya trabaja, según Gómez, en coordinación con la Secretaría de Emergencia Nacional para preparar un operativo de evacuación de las familias que eventualmente resulten afectadas.
Ocupación. Pero San Rafael no es solamente una historia de agua. También es una historia de ocupación urbana en un territorio que periódicamente recuerda sus límites naturales. La zona baja fue creciendo con el paso de los años pese a su cercanía con el Paraná y el Acaraymí, mientras nuevas viviendas fueron apareciendo en sectores particularmente vulnerables.
El barrio ya conoce las consecuencias. Después de antiguas inundaciones, varias familias fueron reubicadas en otros puntos de Ciudad del Este, entre ellos el actual barrio 23 de Octubre. Sin embargo, con el tiempo San Rafael volvió a poblarse y el ciclo comenzó nuevamente. Cuando el río está bajo, el riesgo parece lejano. Cuando sube, vuelve a aparecer con la misma fuerza.
La cercanía con el microcentro y la zona comercial también explica por qué muchas familias permanecen allí. Para los pobladores, vivir cerca significa estar a pocos minutos de sus lugares de trabajo y de los principales servicios de la ciudad. Es una ventaja cotidiana que, cuando el Paraná crece, puede convertirse en una amenaza.
La Itaipú informó que mantiene el monitoreo de los niveles y la difusión de sus boletines hidrológicos, con información sobre el comportamiento del río y proyecciones para los siguientes días. También se reinstalan reglas limnimétricas para que los propios pobladores puedan observar la cota y comparar el nivel del agua con las previsiones oficiales.
En San Rafael, el río todavía no entró a todas las casas. Pero ya volvió a tocar las puertas. Y con cada centímetro que gana el Paraná, el barrio vuelve a enfrentarse a una pregunta que arrastra desde hace décadas: cuánto tiempo más podrá convivir una comunidad con el riesgo de vivir en el camino natural del agua.
FUENTE: UH