El Ministerio de Justicia entrega la primera etapa de las obras de reconstrucción de la expenitenciaría Tacumbú, que inicia una nueva etapa en el tratamiento de las personas privadas de libertad.


“Acá se está viendo algo nunca se había hecho: dignificar a las personas. Los espacios no solo van a tener una mejora física, también un cambio en esencia y en estructura” sostiene la arquitecta Estela Azuaga directora de Obras del Ministerio de Justicia.

Las obras se desarrollan en la expenitenciaría Tacumbú, ahora denominada Centro Nacional de Prevenidos, que se destina exclusivamente a los procesados sin condena. El acto de entrega de la primera etapa de la conversión del lugar será este viernes 4 de setiembre, luego de varios meses de obras donde los mismos internos protagonizaron la transformación de su lugar temporal de residencia.

La iniciativa se da en marco de la reinserción sociolaboral impulsada por el Ministerio de Justicia, para el beneficio de las personas privadas de libertad y sus familias. Pero el trabajo fue arduo, ya que encontraron la penitenciaría con serios problemas estructurales, entre ellos, de desagüe.

“Los registros y caños de barro estaban corroídos porque nunca se había hecho mantenimiento. Ahí teníamos tuvimos que elegir entre tapar nuevamente la cañería y dejar el problema a la próxima administración, o abrirla y cambiar todo. Hicimos lo segundo”, dice la directora del Ministerio de Justicia.

Los trabajos provocaron un atraso en las obras, por lo que se debió trabajar de mañana y tarde, sin parar, desde hace meses. “Hay fotos elocuentes, con todo el personal trabajando bajo la luz de un reflector”, recuerda la arquitecta Azuaga.

La expenitenciaría de Tacumbú fue creciendo en una forma no planificada. “Así se perdió el control. Hoy tenemos un troncal, que es un espacio que va conectando todos los pabellones, que está revitalizado, y va a ser usado solamente por las personas que están dentro del sistema de seguridad y las autoridades”, comenta la arquitecta.

“Lo que hicimos fue revitalizar lo que es el orden y la autoridad bien entendida, en el sentido de que se respeten los espacios, los horarios y los procedimientos internamente”, explica Azuaga.

La penitenciaría permaneció en esa situación de caos y de vulneración permanente de derechos durante varias administraciones de Gobierno, y llegó a tener 4000 internos cuando su capacidad original era de apenas 800. “Pero el Ministerio de Justicia tiene la obligación de velar por la vida y los derechos de las personas privadas de libertad”, explica la arquitecta.

Una nueva tipología de penitenciaría, más respetuosa y más humana

En mayo de este 2026, se celebró la palada inicial de los trabajos en la expenitenciaría Tacumbú, que también marcaron el inicio de una transformación en centros del interior del país, para mejorar la calidad de vida de las personas privadas de libertad.

Para iniciar las obras de transformación de la penitenciaría, se dividió todo el territorio ocupado en cuatro cuadrantes, “porque la reforma demandaba muchos recursos y procesos”, explica la arquitecta.

Por otra parte, los penales se están transformando desde adentro, aun cuando las personas privadas de libertad continúan en el lugar. “En estas condiciones, todo es más lento y complicado. Venimos trabajando desde hace un poco más de cuatro meses”, comenta Estela Azuaga. Pero todo llegó a su fin y las obras ya están listas para ser inauguradas, “y sobre todo para ser ocupadas”.

“Lo primero que hicimos fue abarcar toda la parte de servicio, porque se necesitaba un espacio limpio, amplio, confortable, iluminado, en el área de preparación de alimentos”, comenta la arquitecta. También se intervino la panadería y la intendencia, que es el lugar donde se guardan y acopian los alimentos.

Toda el área de servicios está ubicada en la parte frontal, que en algún momento sufrió un incendio y quedó como en estado de abandono. “Tuvimos que poner en óptimas condiciones no solamente la infraestructura, sino también el equipamiento”, comenta la arquitecta.

En el fondo de la penitenciaría, donde había una infraestructura que se fue haciendo de forma desordenada, se levantaron tres pabellones con una capacidad total de 530 personas. Pero esa no es la única novedad: cada pabellón va a tener su propio servicio sanitario, su baño, su comedor, y un campo de deporte.

“Se sigue la tipología de la construcción que tenemos para las tres penitenciarías nuevas”, dice la arquitecta, aclarando que llama “nuevas” a los reclusorios que recién hoy -bajo la presente administración de Gobierno-, están logrando ocupar su capacidad total.

Entre ellas se encuentra la Penitenciaría Martín Mendoza, ubicada en Emboscada; el Centro de Reinserción Social de Minga Guazú, en el Alto Paraná; y COMPLE -el Complejo Penitenciario para Mujeres-, que alberga a la población que antes vivía en el Buen Pastor, luego de su clausura por no ser apta para cumplir con los estándares de habitabilidad de las personas privadas de libertad.

Estas penitenciarías también cuentan con talleres donde las personas privadas de libertad (PPL) podrán trabajar. “La intensión es montar una penitenciaría para una población completa entre 1200 y 1500 personas. Pero tenemos que ir haciendo por partes”, explica la directora del Ministerio de Justicia.

La inversión para el sector que se habilita este viernes fue de entre G 15.000 y 18.000 millones, mientras que el presupuesto total por la reconversión del penal sería de aproximadamente G 60.000 millones. “Lo importante es que no estamos hablando de supuestos, sino de cosas tangibles, de plazos y de promesas que se cumplen”, dice Azuaga.

FUENTE: AGENCIA IP